Por otra parte, los funcionarios del rey de Siria
le aconsejaron: “Los dioses de los israelitas son dioses de las montañas. Por
eso son demasiado fuertes para nosotros. Pero si peleamos contra ellos en las
llanuras, sin duda los venceremos”. 1 Reyes 20:23.
Es extraño pensar que el Dios de los israelitas era
un dios de la montaña, pero que no tendría poder en el valle. Esa idea de
colocar límites al poder divino nos hace esbozar una sonrisa.
— Lo triste es que a veces nosotros nos comportamos
como si creyéramos en el pensamiento de los funcionarios del rey sirio, y
ponemos límites al poder de Dios. Es como si lo dejáramos en el valle cuando
subimos la montaña, o pensamos que está en la montaña cuando nos toca caminar
por el valle.
Nuestra vida, comúnmente, no está involucrada en
una guerra militar. Pero, definitivamente, nuestra jornada en esta Tierra está
enmarcada en una batalla espiritual con desenlaces eternos, que van mucho más
allá de la conquista de un territorio.
Nuestras montañas, normalmente, se presentan
imponentes y majestuosas los días que vamos a la iglesia; y por algún elemento
externo, conseguimos sentirnos fuertes espiritualmente. Pensamos que podemos
solos. En nuestras montañas, no damos lugar a Dios.
Lo mismo, pero al contrario, nos ocurre en los
valles. Nos sentimos tan solos, tan desamparados, tan abajo, que tampoco
conseguimos ver a Dios allí. Así, nuestras acciones parecen demostrar que no
creemos en que nuestro Dios tenga suficiente poder para pelear con nosotros en
los momentos de tristeza.
En los valles de nuestra vida nos pasan cosas
interesantes. Por ejemplo, estando en un momento negativo, ¿no sentiste ganas
de transformar a Dios en un “hada madrina”, que solucione tu problema con una
varita mágica?
En los valles de sombra, en los valles de muerte,
diría el rey David, Dios está a tu lado. Pero también está en las montañas más
altas de tu existencia.
Cuando el sol brilla o cuando la tormenta cubre tu
horizonte. Cuando estás feliz en la playa y cuando las olas golpean fuerte.
En todo momento y en todo lugar, tenemos un Dios
que tiene poder para acompañarnos y ayudarnos a vencer nuestras luchas. No
quieras colocar límites al Dios que todo lo puede, que todo lo sabe y que te
ama mucho más de lo que tú mismo puedes imaginar.
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